
Luna, una perra de cuatro años, es uno de los animales afectados por las longanizas, rellenas de alfileres, que alguien colocó de forma intencionada en un parque de Benicalap. Hasta una treintena de estas finas púas llevaba el animal dentro del estómago, según explicó su dueña, Paqui. “Ha sufrido mucho y yo con ella, la quiero como si fuera mi hija”, añadió la propietaria.
La mayoría de los alfileres consiguió expulsarlos de forma natural en la clínica veterinaria utilizando un laxante y espárragos, No obstante, uno de los alfileres se le había quedado en el vientre, por lo que tuvieron que realizarle una paroscopia para sacarlo, argumentó Paqui. “Al que ha hecho esto sólo le deseo un buen plato de lo que preparó y que pase un tiempo en urgencias”, añadió muy molesta la dueña del animal.
La Policía Local de Valencia sigue tras la pista del autor o autores de estos hechos, que podrían haber causado la muerte de varios perros, ya que la zona donde colocaron los cebos es frecuentada por un gran número de mascotas. En pocos días los agentes de la Patrulla Verde han retirado más de una veintena de longanizas rellenas de alfileres y otros objetos punzantes muy finos en la zona ajardinada de la plaza Joaquín Muñoz Peirats de Valencia.
El caso de Luna no es el único. Al menos otros dos perros llegaron a comer estas peligrosas longanizas. Uno de ellos, un pastor alemán de 16 años, se encuentra muy mal y probablemente tendrá que ser sacrificado. Además, a un tercero le sacaron alfileres de la lengua, según fuentes vecinales.
Paqui fue la primera en presentar una denuncia por lo ocurrido en este parque de Benicalap. El pasado miércoles al mediodía se dio cuenta que su perra, Luna, estaba comiendo carne cruda en la plaza Joaquín Muñoz Peirats de Valencia. “Pensé que como es tragona se estaba comiendo cualquier cosa, pero enseguida se lo quité de la boca”, recuerda la dueña del animal. Esa misma noche en sus excrementos observó que había un alfiler. Al día siguiente la llevó a la clínica veterinaria para que le quitaran el resto de alfileres que pudiera llevar “sin necesidad de abrirla”. Sin embargo, el viernes tuvieron que hacerle una paroscopia, según explicó su dueña.
Respecto a quien puede estar detrás de estos actos, la mujer lo tiene claro. “Es alguien del barrio, algún perturbado. No debe de ser un niño porque estaba todo muy bien preparado. A simple vista los alfileres no se veían”, argumentó Paqui. “Puede que esté molesto con la gente que no es cívica y no recoge los excrementos de sus perros”, apuntó.




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